Lo que sucedió en Venezuela en los primeros días de este año (el 3 de enero) marcó -como ningún otro episodio mundial- el perfil de trazo grueso (como sus firmas, en resoluciones que suele mostrar a la prensa cada vez que lo hace con regodeo indisimulable) del titular de la White House, de Washington. Se rigió por propia voluntad y sin reparos por ningún factor de poder de los EE.UU. Donald Trump así dibujaba un actualizado perfil de hombre poderoso, como eje y ejecutor de la ostentosamente denominada Operation Absolute Resolve (Operación Resolución Absoluta). ¡Vaya denominación implacable! Frente a ella ningún poder de la tierra puede operar exitosamente. Ni siquiera el significado universal de soberanía que enmarca y protege la individualidad de un país. Su inviolabilidad. Tal como si el dios Eolo hubiera pactado huracanes absolutos con Trump, y éste asumiera una cuota adicional de “poder internacional”. Y que ello le permitiera engrosar facultades que le harían dueño de abordar -sin cortapisas- decisiones increíbles. Y todo, para más, a la luz de las relaciones mundiales y debajo de paraguas agujereado de tantas tormentas del mismísimo “derecho internacional”. Y Nicolás Maduro, el tan cuestionado presidente -dentro y fuera de Venezuela- dio a la postre con su humanidad en salas de detención de los EE.UU. junto a la de su esposa, también secuestrada. Ambos, sujetos de juicio en el país que los secuestró.
El caso Noriega, el líder militar de Panamá (durante la presidencia de George H. W. Bush, en 1989) fue el precedente que quizás animó a Trump para esa intervención armada en Caracas en los albores de 2026. En los dos casos la imputación a ambos mandatarios estar ligados al narcotráfico y conspiración, se teñía de los efluvios pertinaces de la droga, por lo que fueron detenidos (secuestrados) en territorio donde ejercían sus mandatos para ser llevados a tribunales estadounidenses.
En los dos casos se registraron muertes. No fueron trámites judiciales de detención y traslado, tan sólo. No fueron operativos incruentos. En Panamá, murieron 516 panameños (314 militares y 202 civiles) al decir del Pentágono en su tiempo aunque fuentes de derechos humanos dan cifras mayores aunque imprecisas (hasta de 4.000 víctimas fatales). El operativo se justificaba en su denominación: “Causa justa”. ¡Y a qué precio! En el caso Maduro murieron 32 militares y agentes de seguridad de Cuba más 47 militares venezolanos y dos civiles. Y heridos dos militares estadounidenses. En ningún otro “operativo movido por decisión judicial” se reporta semejantes matanzas para su logro. Lo cual constituye una flagrante violación del derecho a la vida de quienes nada tienen que ver con las imputaciones de ningún delito. Una frase reiteradísima en muchos textos (francés y español, sucesivamente) da cuenta de una ironía existencial, a propósito de este caso: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Los del operativo Panamá y Caracas, por los EE.UU., yacen tan muertos como el primer día.
La América de Dios
En el esclarecedor y bien documentado libro (“EL IMPERIO DE LA GUERRA PERMANENTE- Estados Unidos y la mundialización liberal” editado por LE MONDE diplomatique (En Argentina, 2007) elegimos unos párrafos. Leemos: “Dios y América. Los dirigentes y los medios de Estados Unidos reconocen en el destino de su país la obra de Dios. No sólo Dios vela por América, sino que también la inviste con una visión histórica civilizadora. He aquí una constante de la historia del país”. Más adelante: “Cuando se lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima el presidente Harry Truman declaró: Tenemos la bomba atómica y la usamos; continuaremos empleándola hasta la completa destrucción de la fuerzas japonesas.(…) Es una pesada responsabilidad que debemos soportar , pero, gracias a Dios, nos incumbe a nosotros. Y no a nuestros enemigos. Roguemos para que Él nos ayude a utilizarla según sus deseos y objetivos”. El presidente George W. Bush refleja bien este anclaje ideológico al declarar: “La libertad que celebramos no es el regalo de América al mundo, es el don de Dios a la Humanidad”. La guerra santa contra las fuerzas del Mal –cruzada contra la jihad o el comunismo- permite legitimar la movilización de todos los medios: la militarización, así como también los ataques preventivos contra los tildados como Estados “canallas”.
Hay saqueos en la zona más destruida de VenezuelaDefiniciones que conllevan un empecinado y victorioso modo de autodefinirse y de posicionarse en lo alto, aun escalando –sin pisar- los obligados escalones. A partir de ese arranque así definido -Dios mediante- se pueden santificar todo horror, toda desgracia, toda afrenta a la humanidad por quienes se autohabilitan para ello del modo como lo hacen. Y de cómo lo pregonan, especialmente.
Bombardeos y terremotos
Los efectos de los dos terremotos sucesivos y sus réplicas (¡Más de 400!) que sufrió el territorio venezolano el miércoles último fueron devastadores. Las víctimas mortales, encontradas entre los escombros, cercana a las 1500. Los heridos, casi 3.300.- Aunque todavía estas cifras no se consideran definitivas porque se supone que, por las características de los siniestros y sus los efectos, pueden encontrarse más entre las ruinas. El aciago panorama que presentan los sitios densamente poblados en Venezuela donde el terremoto de alto grado volcó su furia destructiva no se puede comparar con otras zonas pobladas, Gaza, donde las muertes y los daños no provienen de la naturaleza sino de decisiones de señores gobernantes. Tanto ha impactado al mundo, baste recurrir a la prensa mundial, los gravísimos fenómenos telúricos en Venezuela que no podemos dejar de comparar con lo sucedido en Gaza. Antes del 10.07.26 se cumplirán los mil días desde que el doblemente fatídico 7 de octubre de 2023 marcó para la Humanidad una página horrorosa escrita y dibujada por seres humanos. La acción terrorista de activistas de Hamas en el sur israelí con asesinatos y secuestros y la acción guerrera emprendida por la FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) en respuesta continuada desde entonces. Los números de víctimas mortales incluyen hombres, mujeres y niños que nada tienen que ver con el accionar de Hamas y más activistas de esa organización. 75.000 muertos. El 50% mujeres y niños. Y una destrucción que afectó en diverso grado al 90% de las viviendas. De estas dos calamidades, la del furor de la tierra expresándose en dos terremotos seguidos en Venezuela y la Franja de Gaza bombardeada desde octubre de 2023 obtenemos la medida del horror en uno y otro lugar. Pero si bien los dos impactan, sólo comparando percibimos la monstruosidad sufrida por Gaza donde las víctimas mortales son casi 50 veces las del terremoto. En suma, la franja de Gaza padeció el equivalente de cincuenta terremotos como los de Venezuela últimamente.
De perro abandonado a héroe del terremoto en Venezuela: la historia de Tsunami, el border collie que salva vidasY en cuanto a la destrucción de viviendas, hospitales, escuelas e infraestructura de todo tipo al cabo de mil días, es una afrenta a la Humanidad. Y al sistema del derecho internacional y derecho internacional humanitario. Como si no existieran. El mundo, por acción del Hombre, es una tierra arrasada, humillada. Civilización penosamente incivilizada.